viernes, 2 de mayo de 2014

REPARTO DEL TRABAJO







1. - INTRODUCCIÓN
 El debate sobre el reparto del trabajo se está dando en unas circunstancias marcadas por la apertura de las economías, el aumento de la libertad de movimientos del capital y la exaltación de la competitividad como principio de funcionamiento económico y social En este escenario, el debate sobre el reparto de trabajo no se plantea como una reivindicación para mejorar las condiciones de las personas asalariadas, sino de forma defensiva, como alternativa para combatir el desempleo.
2.- EL REPARTO DEL TRABAJO. PERO DE TODO EL TRABAJO
 Los avances tecnológicos han supuesto aumentar la fuerza productiva del trabajo. Sin embargo los aumentos de productividad, en manos del capital globalizado y al servicio de la competitividad, no conducen a rebajar la jornada sino a aumentar el beneficio privado, reduciendo el número de personas con empleo.  

 La reducción de la jornada en los trabajos asalariados es una medida necesaria, aunque no suficiente para enfrentarse al problema del desempleo, ya que habría que pasar a una jornada de 25 horas y no de 35 para que sus efectos fueran visibles.

 La economía de mercado se beneficia de un enorme volumen de trabajo no pagado, ni valorado, ni reconocido, que desempeñamos las mujeres en tareas de cuidados.
 El trabajo familiar sigue estando oculto no sólo a los ojos del capital, sino también ante los ojos de aquellos grupos que luchamos por la transformación social.

  3.- TRABAJO ASALARIADO, TRABAJO FAMILIAR.
 Las personas que trabajan no lo hacen para sí, sino para el capital. No es suficiente que produzcan mercancías, deben además producir plusvalor para el capitalista. El capitalismo no da trabajo a quien lo necesita sino sólo al número de personas que le son útiles para producir plusvalor.
 Las mujeres, mediante las tareas domésticas, no sólo estamos cuidando de nuestras familias. Nuestra lógica no es la producción de plusvalor, sino resolver necesidades humanas. No trabajamos tampoco para obtener beneficios, sino que lo hacemos, o se supone que debemos hacerlo,  por amor y solidaridad hacia las personas que atendemos.
 Sin embargo, también estamos trabajando para el capital, porque a las mujeres se nos ha asignado el papel de asegurar la reproducción y mantenimiento de la fuerza de trabajo.
 Tienen que nacer seres humanos y llegar a ser personas adultas para suministrar la fuerza de trabajo que necesita la producción de capital. Es necesario que la fuerza de trabajo activa masculina tenga una atención suficiente para que se reincorpore diariamente a su tarea en las mejores condiciones posibles: bien alimentado y planchado, sano, descansado y a ser posible contento. Cuando enfermen o envejezcan y salgan temporal o definitivamente del mercado, volverán al entorno familiar para seguir siendo cuidados por las mujeres.

 4.- EL TRABAJO DOMÉSTICO. UN TRABAJO PECULIAR
 El trabajo familiar, al no estar movilizado por una renta ni por un salario, sino por sentimientos de amor y protección, pertenece a un plano de la realidad que permanece invisible para la economía de mercado. De tal manera es así que es difícil encontrar una definición que permita entender y medir la envergadura de esta actividad realizada por las mujeres.
 Al aproximarnos al estudio de este trabajo el primer problema que nos encontramos es una concepción generalizada de este trabajo como una serie de tareas mecánicas, sin demasiada importancia. Del mismo modo que para el trabajo asalariado, Intentar aproximarnos a la sustancia del trabajo familiar es imprescindible para hacer un buen diagnóstico del problema de su reparto.
 Lo que mejor puede definir el trabajo familiar es su finalidad: proveer de bienestar a los miembros de la unidad familiar y por extensión a la sociedad en su conjunto. En ese bienestar está incluido desde garantizar la alimentación, la higiene y la salud, hasta el equilibrio emocional. Cuidar de la socialización de los individuos desde su nacimiento y de la armonía de sus relaciones y de sus afectos son otras características de esta actividad.
 En el trabajo familiar se realizan tareas de cuidados y se producen bienes y servicios,  pero ni siquiera la producción de bienes se puede plantear como una producción de bienes cualesquiera. Cuando una mujer, por ejemplo, planifica una comida para su familia, no resuelve el problema con la preparación de cualquier comida,  sino de aquella que cumple determinados requisitos. Tiene que tener en cuenta el equilibrio nutricional de cada persona y sus problemas de salud, pero también sus gustos personales e incluso las actividades que va a realizar en las horas siguientes.
 En la actividad familiar los otros existen como sujetos. Siempre está presente el efecto que lo producido va a ocasionar en la persona a la que va destinado. Es una atención individualizada y basada en el afecto. La persona que realiza la actividad se siente responsable de las personas a las que va dirigida.

 En este sentido estamos hablando de un trabajo más cercano a la naturaleza del ser humano que el trabajo asalariado. Sin embargo, la división sexual del trabajo hace que las mujeres lo realicemos en unas condiciones de obligatoriedad, falta de reciprocidad, aislamiento y desvalorización, que produce efectos muy negativos.


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