REPARTO DEL TRABAJO
1. - INTRODUCCIÓN
El debate sobre
el reparto del trabajo se está dando en unas circunstancias marcadas por la
apertura de las economías, el aumento de la libertad de movimientos del capital
y la exaltación de la competitividad como principio de funcionamiento económico
y social En este escenario, el debate sobre el reparto de trabajo no se
plantea como una reivindicación para mejorar las condiciones de las personas
asalariadas, sino de forma defensiva, como alternativa para combatir el
desempleo.
2.- EL REPARTO DEL
TRABAJO. PERO DE TODO EL TRABAJO
Los avances
tecnológicos han supuesto aumentar la fuerza productiva del trabajo. Sin
embargo los aumentos de productividad, en manos del capital globalizado y al
servicio de la competitividad, no conducen a rebajar la jornada sino a aumentar
el beneficio privado, reduciendo el número de personas con empleo.
La reducción de
la jornada en los trabajos asalariados es una medida necesaria, aunque no
suficiente para enfrentarse al problema del desempleo, ya que habría que pasar
a una jornada de 25 horas y no de 35 para que sus efectos fueran visibles.
La economía de
mercado se beneficia de un enorme volumen de trabajo no pagado, ni valorado, ni
reconocido, que desempeñamos las mujeres en tareas de cuidados.
El trabajo
familiar sigue estando oculto no sólo a los ojos del capital, sino también ante
los ojos de aquellos grupos que luchamos por la transformación social.
3.-
TRABAJO ASALARIADO, TRABAJO FAMILIAR.
Las personas
que trabajan no lo hacen para sí, sino para el capital. No es suficiente que
produzcan mercancías, deben además producir plusvalor para el capitalista. El
capitalismo no da trabajo a quien lo necesita sino sólo al número de personas
que le son útiles para producir plusvalor.
Las mujeres,
mediante las tareas domésticas, no sólo estamos cuidando de nuestras familias.
Nuestra lógica no es la producción de plusvalor, sino resolver necesidades
humanas. No trabajamos tampoco para obtener beneficios, sino que lo hacemos, o
se supone que debemos hacerlo, por amor y solidaridad hacia las
personas que atendemos.
Sin embargo,
también estamos trabajando para el capital, porque a las mujeres se nos ha
asignado el papel de asegurar la reproducción y mantenimiento de la fuerza de
trabajo.
Tienen que
nacer seres humanos y llegar a ser personas adultas para suministrar la fuerza
de trabajo que necesita la producción de capital. Es necesario que la fuerza de
trabajo activa masculina tenga una atención suficiente para que se reincorpore
diariamente a su tarea en las mejores condiciones posibles: bien alimentado y
planchado, sano, descansado y a ser posible contento. Cuando enfermen o
envejezcan y salgan temporal o definitivamente del mercado, volverán al entorno
familiar para seguir siendo cuidados por las mujeres.
4.- EL
TRABAJO DOMÉSTICO. UN TRABAJO PECULIAR
El trabajo
familiar, al no estar movilizado por una renta ni por un salario, sino por
sentimientos de amor y protección, pertenece a un plano de la realidad que
permanece invisible para la economía de mercado. De tal manera es así que es
difícil encontrar una definición que permita entender y medir la envergadura de
esta actividad realizada por las mujeres.
Al aproximarnos
al estudio de este trabajo el primer problema que nos encontramos es una
concepción generalizada de este trabajo como una serie de tareas mecánicas, sin
demasiada importancia. Del mismo modo que para el trabajo asalariado, Intentar
aproximarnos a la sustancia del trabajo familiar es imprescindible para hacer un
buen diagnóstico del problema de su reparto.
Lo que mejor
puede definir el trabajo familiar es su finalidad: proveer de bienestar a los
miembros de la unidad familiar y por extensión a la sociedad en su conjunto. En
ese bienestar está incluido desde garantizar la alimentación, la higiene y la
salud, hasta el equilibrio emocional. Cuidar de la socialización de los
individuos desde su nacimiento y de la armonía de sus relaciones y de sus
afectos son otras características de esta actividad.
En el trabajo
familiar se realizan tareas de cuidados y se producen bienes y servicios, pero
ni siquiera la producción de bienes se puede plantear como una producción de
bienes cualesquiera. Cuando una mujer, por ejemplo, planifica una comida para
su familia, no resuelve el problema con la preparación de cualquier
comida, sino de aquella que cumple determinados requisitos. Tiene
que tener en cuenta el equilibrio nutricional de cada persona y sus problemas
de salud, pero también sus gustos personales e incluso las actividades que va a
realizar en las horas siguientes.
En la actividad
familiar los otros existen como sujetos. Siempre está presente el efecto que lo
producido va a ocasionar en la persona a la que va destinado. Es una atención
individualizada y basada en el afecto. La persona que realiza la actividad se
siente responsable de las personas a las que va dirigida.
En este sentido
estamos hablando de un trabajo más cercano a la naturaleza del ser humano que
el trabajo asalariado. Sin embargo, la división sexual del trabajo hace que las
mujeres lo realicemos en unas condiciones de obligatoriedad, falta de
reciprocidad, aislamiento y desvalorización, que produce efectos muy negativos.





